La segunda atención en el ensueño: el puente hacia el infinito.
El ensueño es la práctica donde la segunda atención despierta. Mientras el cuerpo duerme, el guerrero entrena su conciencia para permanecer lúcida en el vasto territorio de los sueños. Don Juan decía que soñar no es huir del mundo, sino aprender a moverse dentro del infinito con la misma precisión con que uno camina en la tierra.
«El ensueño únicamente puede ser experimentado. Ensoñar no es tener sueños, ni tampoco es soñar despierto, ni desear, ni imaginarse nada. A través del ensueño podemos percibir otros mundos».
En el ensueño, la primera atención, la que mantiene unido el mundo cotidiano, se disuelve. La segunda atención toma el mando. Allí, la percepción se vuelve pura energía: no hay pensamiento, sólo ver. Por eso Don Juan lo llamaba la práctica del infinito, el modo en que los videntes aprenden a navegar en las emanaciones del Águila sin ser arrastrados por ellas.
La segunda atención, cuando se activa durante el ensueño, no crea fantasías sino que revela mundos. Mundos consecutivos, reales, que los chamanes recorren para ampliar su dominio perceptual. Pero ese poder no se obtiene por deseo, sino por impecabilidad: el guerrero necesita haber ahorrado suficiente energía en la vigilia para sostener la lucidez del ensueño.
«Nuestro mundo, que creemos único y absoluto, es sólo un mundo dentro de un grupo de mundos consecutivos… tenemos la capacidad de entrar en otros, tan reales, únicos y absorbentes como el nuestro».
Para la práctica de la segunda atención en el ensueño algunos requisitos son: Silencio antes del sueño, la mente debe quedar en calma; sin diálogo interno, así el cuerpo energético despierta. Fijar la atención, el soñador se entrena en reconocer un detalle como sus manos, una piedra, un sonido, una emoción, para anclar la conciencia dentro del sueño. Sostener la energía, la segunda atención exige equilibrio; sin ahorro energético, el sueño se desintegra en imágenes sin sentido. Intento consciente, el ensueño es guiado por el intento: la orden silenciosa del espíritu que dirige la percepción.
Cuando el guerrero domina esta práctica, el sueño deja de ser descanso: se convierte en exploración. Puedes aprender, curar, viajar, incluso morir y renacer dentro de la segunda atención. Don Juan lo resumía con precisión:
«El arte de ensoñar es la entrada al infinito.»
El ensueño no busca escapar de la vigilia, sino unificar las dos atenciones. Cuando ambas se funden, el guerrero despierta en todos los mundos. La realidad deja de ser una frontera: se convierte en un océano donde la percepción navega libre.
Y entonces, la pregunta final resuena como un eco del nawal: ¿Podrás mantenerte despierto mientras duermes… y recordar quién sueña al soñador?
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Este artículo fue originalmente publicado en el Blog de la Escuela de Alta Consciencia. Ver versión original →